Arwen y Éolywyn se encontraban sentadas en aquel mirador de arquitectura élfica, las vistas que dominaban eran magníficas. Éolywyn contemplaba la ciudad a la débil luz del rojizo atardecer, parecía algo mágico con aquel juego de sombras y luces, donde se reflejaba los crepusculares rayos del astro rey, daba la sensación que las piedras eran de fuego y por otro lado, las alargadas sombras que proyectaban los edificios creaba un ambiente misterioso.
Aquello le recordó la primera vez que visitó la Ciudad Blanca, tanto tiempo atrás, Boromir le enseñó cada rincón de su ciudad amada y desde un lugar parecido al que ahora se encontraba, contemplaron un atardecer similar.
En ese momento silencioso y hermoso, los dos permanecían muy juntos, estaban solos y Boromir tomó la mano de aquella dama cuyos ojos lo habían atrapado, cuyos movimientos lo cautivaron; alzó la mano de Éolywyn con suavidad y la besó, después se miraron durante un tiempo que ella no pudo calcular y sin saber como ambos se aproximaron y se besaron, un beso dulce, cargado de sentimientos, entonces Éolywyn supo que aquel sería su hombre.
Detrás de la dama de Rohan que se mostraba ausente y perdida en sus recuerdos, Gimli el enano hablaba junto a Arwen Undomiel:
-Mi señora, sería un alto honor para mí casa que vos y Aragorn visitarais mi nuevo hogar en Aglarond…, me haría muy feliz y sin duda, vos veríais una de las más grandes maravillas de este mundo – decía orgulloso – es más, Legolas me prometió visitarlas y aún no ha cumplido esa promesa…
-Pues ahora no podrá interponer excusas para no ir, porque sin duda, nuestro próximo viaje será a tu casa Gimli, hijo de Gloin, Señor de las Cavernas Centelleantes y Amigo de los Elfos.
Dichas estas palabras, Gimli se echó a reir entusiasmado de volver a Aglarond con semejante comitiva, les haría estupendos regalos a las damas, sería las joyas más hermosas que jamás saldrían de allí y para los caballeros y hobbits, espadas y dagas creadas por los más hábiles herreros enanos, que nada tenían que envidiar a las creaciones élficas, no fueron los Elfos en un tiempo aprendices de los Enanos.
Éolywyn al escuchar la sonora risa del enano se volvió extrañada:
-¿Qué ocurre, por qué ríes?
-¡Viajaremos a las Cuevas Centelleantes, conoceréis la hospitalidad de los Enanos!, y podréis beber la mejor cerveza de malta y la más apetitosa carne deshuesada.
Éolywyn miró a Arwen que sonreía: -El Gran Camino del Oeste nos llevará hasta mis tierras, así podréis visitar primero mi casa, nosotros también gozamos de buena hospitalidad, rica cerveza y tierna carne…
-¿He oído comida? – la voz de Valentina se oía cercana, iba subiendo las escalinatas que daban al maravilloso flet, ascendía sola y Gimli le preguntó por Frodo.
-Ha ido a reunirse con los otros, creo que están en el museo de la armería…
-Entonces señoras, si me disculpáis… - dijo Gimli poniéndose en pie.
Las tres damas quedaron solas, Valentina con curiosidad quería saber de qué habían estado hablando:
-¿Hablabais de comida…? cuando quiero yo soy muy buena cocinera.
-¿Cuál es el plato típico de la Comarca? – preguntó Éolywyn cubriéndose con un pañuelo los hombros, la tarde prometía ser algo fresca.
-Pues… - pensó la hobbit un momento – en general todo, pero a mi me salen de bueno unos pastelillos de almendra y miel y unas tartas rellenas de crema de Frambuesa, sin olvidar el pudín de carne con pasas, ¡oh!, y las croquetas de jamón…
Arwen y Éolywyn reían nada más ver la cara de la hobbit, parecía que estaba viendo aquellas delicias comestibles allí mismo.
Éolywyn comentó divertida.
-Entonces después de visitar las cuevas de Gimli, iremos a tu hogar.
-¡Vendréis a Hobbiton! – dijo alegre Valentina, pero su rostro se tornó serio de repente - ¿qué has dicho de visitar cuevas?
-Gimli nos ha invitado a las Cavernas Centelleantes, pero primero pasaremos por mi casa en el Folde Este…
-¿No te parece bien Valentina? – preguntó Arwen al ver el color ceniciento que adquirían las, normalmente, sonrojadas mejillas de la hobbit.
Ahora comprendía porque Frodo le comentó cosas sobre cuevas y maravillas de la naturaleza.
domingo, 13 de mayo de 2012
viernes, 29 de mayo de 2009
Las Tres Damas, Merry, Pippin y las pipas para fumar, 6.1
Dichas estas palabras, algo se abrió camino en la mente de Peregrin Tuk, se quedó silencioso y muy quieto. Aragorn y Arwen no habían asistido a aquella comida informal, el rey debía atender numerosos compromisos de estado y no pudo recibir a sus amigos Merry y Pippin, sin embargo, la mágica y tranquila Arwen Undomiel, pasó parte de la mañana con ellos, disculpó la ausencia de su esposo y les entregó dos regalos que entusiasmaron a los hobbits: dos pipas bien talladas en una madera excelente que se apresuraron a estrenar en aquella sala.
Pippin muy sonriente se dirigió hacia su amigo, susurrándole algo al oído, Merry se entusiasmó poniéndose en pie y tambaleándose un poco, exclamó:
-¡Si, excelente!, ejem…, bueno amigos – dijo dirigiéndose a Gimli, Boromir y Frodo – Éolywyn y Valentina…, si nos disculpáis… - y salió corriendo tras los pasos de Pippin.
Valentina frunció el ceño sin comprender por qué salían aquellos dos corriendo:
-Pero, ¿a dónde van ahora?
Gimli terminaba con el cordero y tomaba largos tragos de vino, sonreía y parecía disfrutar de todo aquello.
Frodo, que también fumaba en pipa, se la quitó de la boca y dirigiéndose a su esposa le dijo:
-Pues…, a dar las gracias por las pipas para fumar.
Merry y Pippin llegaron raudos a la entrada de la Sala de la Torre, donde se encontraba el trono real y el rey concedía audiencia. Pippin conocía bien el lugar, ya había estado allí en otras ocasiones y tras hablar con un criado en cuya librea había más de un distintivo, los dos hobbits fueron anunciados en aquella impresionante y magnífica sala:
-¡El Mensajero del Rey, el Caballero Peregrin Tuk y el escanciados del Rey de Rohan, Meriadoc Brandigamo! – la voz del hombre sonó clara y firme y todos los presentes, que no eran muchos, se giraron hacia las puertas abiertas para contemplar a los dos hobbits sonrientes con sus pipas en la mano y sus enormes pies desnudos, se dirigieron muy orgullosos hacia en trono real, los que se encontraban próximo a él se apartaron dejando el camino libre a los hobbits y realizaron una ligera inclinación al paso de Merry y Pippin que devolvían el saludo con una sonrisa.
Allí sentado sonriendo divertido se encontraba Aragorn, la visión de los dos compañeros le alegró en aquel momento:
-¡Meriadoc, Peregrin!, me alegro de volver a veros.
-¡Bien Trancos…! – exclamó Pippin, pero su amigo Merry le dio un codazo que hizo retroceder al confundido hobbit.
-Rey Elessar… - dijo rápidamente Merry – te saludamos…
-¿Por qué me has hecho eso? – preguntó Pippin sin comprender.
Aragorn reía divertido, a él, verdaderamente, no le importaba que lo llamaran por su antiguo apodo, pero esa manera que los hobbits tenían de hablar, tan sincera y honesta podía ser mal interpretado por otros.
-Espero que todo sea de vuestra comodidad aquí.
-Todo es estupendo – se apresuró Merry a decir sin dar tiempo a hablar a Pippin que volvió a mirar a su amigo con el ceño fruncido.
En la sala los hombres que conversaban con el Rey Elessar esperaban prudentes, pero era evidente que sus asuntos no podían esperar para otro día.
Merry siguió hablando:
-Queríamos saludarte y darte las gracias por estas estupendas pipas – dijo alzando la suya muy satisfecho.
-Podías acompañarnos, Aragorn – dijo Pippin acercándose un paso - hemos traído una excelente hierba del “viejo Toby”, la mejor de la Cuaderna del Sur – dijo guiñando un ojo.
Aragorn miró a Pippin que seguía sonriendo, a veces echaba de menos aquella vida que llevaba como montaraz, de buena gana lo habría dejado todo para encender su pipa en un rincón cómodamente sentado y mantener una larga charla junto a sus amigos.
Pero, si ese hubiera sido su destino ahora nada sería como es:
-Asuntos importantes me retienen ahora, pero amigos, os prometo que nos fumaremos era buena hierba y me contareis todas vuestras hazañas.
-Si Aragorn – dijo Merry – te esperaremos.
-Lo has prometido…, he…, bueno, nos marchamos que los demás se lo estarán comiendo todo.
Y dicho esto los dos hobbits se inclinaron y abandonaron la sala. Ya en el pasillo, de vuelta al salón Pippin intercambiaba pareceres:
-No te parece Merry, que de buena gana Trancos se habría venido con nosotros.
-Por supuesto, pero ahora él es un rey, mejor dicho, él es el Rey y eso es mucha responsabilidad.
-Es extraño, sólo era un montaraz cuando lo conocimos – dijo Pippin en tono pensativo.
-Por cierto – Merry paró en seco y su amigo le miró a los ojos – no vuelvas a llamarlo Trancos.
-Está bien, Aragorn.
Llegaron al salón, la puerta estaba entornada y no se oía ningún sonido en el interior, Merry, extrañado empujó con suavidad la puerta y ambos pudieron contemplar que la sala estaba vacía, pero la mesa y la comida seguían allí:
-¡Estupendo! – dijo Pippin – creo que es la hora de la primera merienda…
Valentina y Frodo habían salido a pasear por aquel bonito y tranquilo jardín que la reina Arwen mandó construir en aquel rincón del palacio residencial. En él podía respirarse una paz y una serenidad que calmaban el alma y despejaban la mente de las tribulaciones.
El jardín había sido creado a dos niveles con un gran estanque y varios riachuelos, setos cubierto de flores, enredaderas que cubrían columnas y barandillas y rincones estratégicamente ocultos con bancos para reposar, meditar y ocultarse de las miradas.
Lo más hermoso de aquel vergel era un mirador que había sido traído desde Lórien, antes de quedar abandonada Caras Galador, los elfos Galadrim trajeron una de sus más hermosas construcciones, se trataba de un flet adornado ricamente y que ellos adaptaron a la pared de la balconada, desde allí Arwen contemplaba los atardeceres y suspiraba por las cosas perdidas.
Valentina se sujetaba al brazo de Frodo y éste mordisqueaba la boquilla de su pipa apagada.
-Valentina… ¿tú has estado en cuevas, verdad? – preguntó de pronto Frodo, la hobbit quedo extrañada.
-Si… ¿por qué?
-Bueno, qué te pareció – insistió su marido.
-Fría, húmeda y muy oscura.
-No todas son iguales, sabes – Frodo comenzó a tantear el terreno, la verdad es que le gustaba la idea de la visita a las Cavernas Centelleantes, pero si le decía de sopetón a Valentina que antes de regresar a la Comarca pasarían por el nuevo hogar de Gimli, era muy posible que se negara en redondo a ir a ningún lugar.
Frodo siguió hablando:
-Hay cavernas de una hermosura sobrenatural, la propia Naturaleza las modeló y son dignas de contemplar…
Valentina miró al hobbit boquiabierta, ¿de qué le hablaba su marido?, ¿a qué venía a cuento el tema de las cuevas?
Escucharon el canto dulce y delicado de un pajarillo, el murmullo del agua, el suave sonido de las hojas al ser mecidas por la brisa.
-Déjate de cuevas – dijo Valentina – y busquemos un rinconcito de estos…- y tirando de Frodo ambos se perdieron detrás de unos altos y espesos setos.
continuará...
Pippin muy sonriente se dirigió hacia su amigo, susurrándole algo al oído, Merry se entusiasmó poniéndose en pie y tambaleándose un poco, exclamó:
-¡Si, excelente!, ejem…, bueno amigos – dijo dirigiéndose a Gimli, Boromir y Frodo – Éolywyn y Valentina…, si nos disculpáis… - y salió corriendo tras los pasos de Pippin.
Valentina frunció el ceño sin comprender por qué salían aquellos dos corriendo:
-Pero, ¿a dónde van ahora?
Gimli terminaba con el cordero y tomaba largos tragos de vino, sonreía y parecía disfrutar de todo aquello.
Frodo, que también fumaba en pipa, se la quitó de la boca y dirigiéndose a su esposa le dijo:
-Pues…, a dar las gracias por las pipas para fumar.
Merry y Pippin llegaron raudos a la entrada de la Sala de la Torre, donde se encontraba el trono real y el rey concedía audiencia. Pippin conocía bien el lugar, ya había estado allí en otras ocasiones y tras hablar con un criado en cuya librea había más de un distintivo, los dos hobbits fueron anunciados en aquella impresionante y magnífica sala:
-¡El Mensajero del Rey, el Caballero Peregrin Tuk y el escanciados del Rey de Rohan, Meriadoc Brandigamo! – la voz del hombre sonó clara y firme y todos los presentes, que no eran muchos, se giraron hacia las puertas abiertas para contemplar a los dos hobbits sonrientes con sus pipas en la mano y sus enormes pies desnudos, se dirigieron muy orgullosos hacia en trono real, los que se encontraban próximo a él se apartaron dejando el camino libre a los hobbits y realizaron una ligera inclinación al paso de Merry y Pippin que devolvían el saludo con una sonrisa.
Allí sentado sonriendo divertido se encontraba Aragorn, la visión de los dos compañeros le alegró en aquel momento:
-¡Meriadoc, Peregrin!, me alegro de volver a veros.
-¡Bien Trancos…! – exclamó Pippin, pero su amigo Merry le dio un codazo que hizo retroceder al confundido hobbit.
-Rey Elessar… - dijo rápidamente Merry – te saludamos…
-¿Por qué me has hecho eso? – preguntó Pippin sin comprender.
Aragorn reía divertido, a él, verdaderamente, no le importaba que lo llamaran por su antiguo apodo, pero esa manera que los hobbits tenían de hablar, tan sincera y honesta podía ser mal interpretado por otros.
-Espero que todo sea de vuestra comodidad aquí.
-Todo es estupendo – se apresuró Merry a decir sin dar tiempo a hablar a Pippin que volvió a mirar a su amigo con el ceño fruncido.
En la sala los hombres que conversaban con el Rey Elessar esperaban prudentes, pero era evidente que sus asuntos no podían esperar para otro día.
Merry siguió hablando:
-Queríamos saludarte y darte las gracias por estas estupendas pipas – dijo alzando la suya muy satisfecho.
-Podías acompañarnos, Aragorn – dijo Pippin acercándose un paso - hemos traído una excelente hierba del “viejo Toby”, la mejor de la Cuaderna del Sur – dijo guiñando un ojo.
Aragorn miró a Pippin que seguía sonriendo, a veces echaba de menos aquella vida que llevaba como montaraz, de buena gana lo habría dejado todo para encender su pipa en un rincón cómodamente sentado y mantener una larga charla junto a sus amigos.
Pero, si ese hubiera sido su destino ahora nada sería como es:
-Asuntos importantes me retienen ahora, pero amigos, os prometo que nos fumaremos era buena hierba y me contareis todas vuestras hazañas.
-Si Aragorn – dijo Merry – te esperaremos.
-Lo has prometido…, he…, bueno, nos marchamos que los demás se lo estarán comiendo todo.
Y dicho esto los dos hobbits se inclinaron y abandonaron la sala. Ya en el pasillo, de vuelta al salón Pippin intercambiaba pareceres:
-No te parece Merry, que de buena gana Trancos se habría venido con nosotros.
-Por supuesto, pero ahora él es un rey, mejor dicho, él es el Rey y eso es mucha responsabilidad.
-Es extraño, sólo era un montaraz cuando lo conocimos – dijo Pippin en tono pensativo.
-Por cierto – Merry paró en seco y su amigo le miró a los ojos – no vuelvas a llamarlo Trancos.
-Está bien, Aragorn.
Llegaron al salón, la puerta estaba entornada y no se oía ningún sonido en el interior, Merry, extrañado empujó con suavidad la puerta y ambos pudieron contemplar que la sala estaba vacía, pero la mesa y la comida seguían allí:
-¡Estupendo! – dijo Pippin – creo que es la hora de la primera merienda…
Valentina y Frodo habían salido a pasear por aquel bonito y tranquilo jardín que la reina Arwen mandó construir en aquel rincón del palacio residencial. En él podía respirarse una paz y una serenidad que calmaban el alma y despejaban la mente de las tribulaciones.
El jardín había sido creado a dos niveles con un gran estanque y varios riachuelos, setos cubierto de flores, enredaderas que cubrían columnas y barandillas y rincones estratégicamente ocultos con bancos para reposar, meditar y ocultarse de las miradas.
Lo más hermoso de aquel vergel era un mirador que había sido traído desde Lórien, antes de quedar abandonada Caras Galador, los elfos Galadrim trajeron una de sus más hermosas construcciones, se trataba de un flet adornado ricamente y que ellos adaptaron a la pared de la balconada, desde allí Arwen contemplaba los atardeceres y suspiraba por las cosas perdidas.
Valentina se sujetaba al brazo de Frodo y éste mordisqueaba la boquilla de su pipa apagada.
-Valentina… ¿tú has estado en cuevas, verdad? – preguntó de pronto Frodo, la hobbit quedo extrañada.
-Si… ¿por qué?
-Bueno, qué te pareció – insistió su marido.
-Fría, húmeda y muy oscura.
-No todas son iguales, sabes – Frodo comenzó a tantear el terreno, la verdad es que le gustaba la idea de la visita a las Cavernas Centelleantes, pero si le decía de sopetón a Valentina que antes de regresar a la Comarca pasarían por el nuevo hogar de Gimli, era muy posible que se negara en redondo a ir a ningún lugar.
Frodo siguió hablando:
-Hay cavernas de una hermosura sobrenatural, la propia Naturaleza las modeló y son dignas de contemplar…
Valentina miró al hobbit boquiabierta, ¿de qué le hablaba su marido?, ¿a qué venía a cuento el tema de las cuevas?
Escucharon el canto dulce y delicado de un pajarillo, el murmullo del agua, el suave sonido de las hojas al ser mecidas por la brisa.
-Déjate de cuevas – dijo Valentina – y busquemos un rinconcito de estos…- y tirando de Frodo ambos se perdieron detrás de unos altos y espesos setos.
continuará...
domingo, 26 de abril de 2009
Las Tres Damas. Merry, Pippin y las pipas para fumar, 6
Los comensales se encontraban en una sala privada, el sol del medio día iluminaba con esplendor el lugar; había mucha alegría en su interior y todos reían y contaban viejas y alegres historias del pasado.
El Rey había dispuesto que no faltara de nada para sus invitados y lo que más debían reponer los sirvientes era el vino.
¡Casi no daban a vasto!
La tarde antes de la llegada del Rey, su esposa y demás invitados, a Minas Tirith, habían hecho su entrada triunfal los hobbits Peregrin Tuk y Mediador Brandigamo. Montados en sus poneys de viaje y rodeados por una guardia de a pie vestidos con las mejores galas de la ciudadela, parecían dos pequeños héroes de guerras legendarias.
La gente gritaba a su paso ¡Ernil i Pheriannath! (Príncipe de los Medianos), y ellos le saludaban alegremente.
Pippin iba vestido con sus ropas de Caballero de Gondor y sus insignias como Mensajero del Rey, se sentía orgulloso de ello y hacía gala de su esplendorosa figura hobbit.
Merry, que había sido nombrado Escanciador de la Marca, lucía el magnífico cuerno de plata que le regalara Éowyn, una pieza de gran valor hecho por los propios Enanos.
Fueron atendidos y acomodados como debían: baños calientes, abundante comida y bebida, pero les entristeció un poco al saber que sus amigos no regresarían a la ciudad hasta el día siguiente, aunque la tristeza pasó rápido, pues los dos hobbits comieron y bebieron, fumaron de sus pipas y cayeron en redondo en sus mullidas camas.
Gimli dio un gran bocado a una pata de cordero que sostenía con la mano derecha, en la izquierda sujetaba una gran jarra medio vacía:
-Así que os habéis vuelto escritor, maese Merry.
-¡Ah…! si – dijo mirando al enano con los ojos medio cerrados – me ha llamado mucho la atención… - se incorporó en la silla – la relación que existe entre el hobbítico y el rohirrico, es sorprendente que, a pesar de no tener las mismas raíces raciales…, nuestros pueblos – y dirigió una mirada a la dama de Rohan – tengan en común la raíz de nuestro habla.
Éolywyn sonrió:
-Eso se debe a que hace mucho tiempo, los Hombres del Norte, de donde procedemos los Éorlingas, mantenían contacto con los Hobbits de antaño en los Valles del Anduin.
-Si…, también me interesan las hierbas – dijo Merry dando un largo trago a su copa de vino.
-¿Otro jardinero? – dijo divertido Boromir.
Pippin exhaló humo de su pipa y se dirigió al hombre de Gondor:
-Se refiere a la Hierba de Pipa, un placer que deberías probar Boromir.
-No hay mayor placer para mí que estar al lado de mi dama.
-Bueno, Boromir – dijo Pippin sonriendo – yo me refería a otro tipo de…, placer.
Y soltó un hipo que le hizo botar en la silla, todos se echaron a reír y Pippin prosiguió con su charla:
-Muchos son los que aprecian las propiedades de la Hierba para Pipa, sin ir más lejos nuestro amigo Aragorn.
-Es una lástima – decía Merry llenándose la copa – que no pueda estar ahora aquí, fumaría y bebería, y contaría buenas historias.
Boromir cambió de posición en su silla y acercándose a Éolywyn le tomó la mano:
-Asuntos de estado le retienen, ya tendremos tiempo de oír sus historias.
-Pero, no hemos tenido ni un momento para verle… - protestó Pippin.
Boromir le miró fijamente:
-Tú eres el Mensajero del Rey, no deberías tener problemas para verle en la Sala de la Torre.
continuará...
El Rey había dispuesto que no faltara de nada para sus invitados y lo que más debían reponer los sirvientes era el vino.
¡Casi no daban a vasto!
La tarde antes de la llegada del Rey, su esposa y demás invitados, a Minas Tirith, habían hecho su entrada triunfal los hobbits Peregrin Tuk y Mediador Brandigamo. Montados en sus poneys de viaje y rodeados por una guardia de a pie vestidos con las mejores galas de la ciudadela, parecían dos pequeños héroes de guerras legendarias.
La gente gritaba a su paso ¡Ernil i Pheriannath! (Príncipe de los Medianos), y ellos le saludaban alegremente.
Pippin iba vestido con sus ropas de Caballero de Gondor y sus insignias como Mensajero del Rey, se sentía orgulloso de ello y hacía gala de su esplendorosa figura hobbit.
Merry, que había sido nombrado Escanciador de la Marca, lucía el magnífico cuerno de plata que le regalara Éowyn, una pieza de gran valor hecho por los propios Enanos.
Fueron atendidos y acomodados como debían: baños calientes, abundante comida y bebida, pero les entristeció un poco al saber que sus amigos no regresarían a la ciudad hasta el día siguiente, aunque la tristeza pasó rápido, pues los dos hobbits comieron y bebieron, fumaron de sus pipas y cayeron en redondo en sus mullidas camas.
Gimli dio un gran bocado a una pata de cordero que sostenía con la mano derecha, en la izquierda sujetaba una gran jarra medio vacía:
-Así que os habéis vuelto escritor, maese Merry.
-¡Ah…! si – dijo mirando al enano con los ojos medio cerrados – me ha llamado mucho la atención… - se incorporó en la silla – la relación que existe entre el hobbítico y el rohirrico, es sorprendente que, a pesar de no tener las mismas raíces raciales…, nuestros pueblos – y dirigió una mirada a la dama de Rohan – tengan en común la raíz de nuestro habla.
Éolywyn sonrió:
-Eso se debe a que hace mucho tiempo, los Hombres del Norte, de donde procedemos los Éorlingas, mantenían contacto con los Hobbits de antaño en los Valles del Anduin.
-Si…, también me interesan las hierbas – dijo Merry dando un largo trago a su copa de vino.
-¿Otro jardinero? – dijo divertido Boromir.
Pippin exhaló humo de su pipa y se dirigió al hombre de Gondor:
-Se refiere a la Hierba de Pipa, un placer que deberías probar Boromir.
-No hay mayor placer para mí que estar al lado de mi dama.
-Bueno, Boromir – dijo Pippin sonriendo – yo me refería a otro tipo de…, placer.
Y soltó un hipo que le hizo botar en la silla, todos se echaron a reír y Pippin prosiguió con su charla:
-Muchos son los que aprecian las propiedades de la Hierba para Pipa, sin ir más lejos nuestro amigo Aragorn.
-Es una lástima – decía Merry llenándose la copa – que no pueda estar ahora aquí, fumaría y bebería, y contaría buenas historias.
Boromir cambió de posición en su silla y acercándose a Éolywyn le tomó la mano:
-Asuntos de estado le retienen, ya tendremos tiempo de oír sus historias.
-Pero, no hemos tenido ni un momento para verle… - protestó Pippin.
Boromir le miró fijamente:
-Tú eres el Mensajero del Rey, no deberías tener problemas para verle en la Sala de la Torre.
continuará...
sábado, 28 de marzo de 2009
Las Tres Damas, Historia de los primeros encuentros amororsos, 5.3
Valentina suspiró, aquella historia de amor de Arwen y Aragorn era muy bonita, dirigió la mirada a Éolywyn que distraída movía la cabeza de un lado para otro, se la veía algo preocupada y parecía buscar algo con la mirada.
-¿Qué te ocurre? – preguntó la hobbit.
-No sé dónde está Boromir, hace rato que no le veo.
-¿Cómo os conocisteis? – volvió a preguntar sintiendo curiosidad.
-Bueno…, fue en Minas Tirith – dijo Éolywyn acomodándose entre los cojines y acariciando su larga y gruesa trenza rubia – yo acompañaba al embajador de Rohan y Denethor, el padre de Boromir, celebró una fiesta en nuestro honor…, estaba magnífico, tan alto, tan fuerte…, no podía apartar la vista de él y cuando me lo presentaron las piernas me temblaban y pensé que no sería capaz de hacer una ligera inclinación sin caerme. Boromir no se apartó en toda la velada de mí; bailamos, reímos y hablamos, las horas pasaron como segundos…, los días siguientes los pasamos juntos, Boromir me enseñó su ciudad y prometimos volver a vernos. Yo regresé a mi hogar en el Folde Este de Rohan y en secreto contaba las semanas, los días, las horas para el nuevo encuentro. Y el día convenido llegó hasta mi casa una comitiva desde Gondor que se dirigía a Meduseld, y allí estaba Boromir, espléndido y orgulloso. Yo sabía, lo había visto en mis sueños, que Boromir llegaría a mí y que siempre permaneceríamos unidos, a pesar de las distancias – Éolywyn quedó en silencio con la vista fija más allá de aquel extraño trío formado por un hombre, un enano y un hobbit; se dibujó una sonrisa en su rostro.
Valentina dirigió la mirada en aquella dirección para ver la figura de Boromir acercarse a ellas.
-¿Dónde estabas? – preguntó casi en un susurro la dama de Rohan, Boromir se dejó caer con suavidad a su lado y la besó en los labios.
-Observaba el río – dijo el hombre de Gondor sin más.
Arwen acarició unos oscuros y ondulante rizos de Valentina y la hobbit la miró.
-Ahora, Valentina, nos contarás cómo conociste a Frodo – dijo Arwen.
-Bueno…, Frodo y yo nos conocemos desde siempre, vivimos en Hobbiton y mi padre siempre le ha servido la miel al Sr. Bilbo. Yo era la encargada de llevarle los tarros de miel y me ponía muy nerviosa cuando Frodo se encontraba en casa de su tío, cuando me miraba o me hablaba me entraban ganas de salir corriendo… Yo pensaba que él nunca se había fijado en mí y me consideraba, simplemente, una muchacha a la que gustaba la lectura y los pastelillos rellenos de crema. Pero, una tarde estábamos los dos solos…, yo fui a llevar la miel como de costumbre, pero Bilbo no estaba y Frodo, muy amable, me invitó a merendar, empezamos a hablar de cosas que ya ni me acuerdo, y de repente, él me besó, me besó en los labios y yo creí que me moría. Ese fue nuestro primer beso… - Valentina sonreía como atontada y Arwen poniéndose en pie le dijo:
-Es una bonita historia.
-No, no es como las vuestras.
-Es tú historia – dijo Éolywyn – eso ya es especial.
-Si, es posible – dijo la hobbit dudando – pero, es que las vuestras parecen más emocionante, porque ninguno os conocíais, es como si…, el destino os hubiera empujado a esos encuentros.
Arwen se aproximó a Valentina:
-Ese mismo destino quiso que Bilbo no estuviera esa tarde en casa.
continuará...
-¿Qué te ocurre? – preguntó la hobbit.
-No sé dónde está Boromir, hace rato que no le veo.
-¿Cómo os conocisteis? – volvió a preguntar sintiendo curiosidad.
-Bueno…, fue en Minas Tirith – dijo Éolywyn acomodándose entre los cojines y acariciando su larga y gruesa trenza rubia – yo acompañaba al embajador de Rohan y Denethor, el padre de Boromir, celebró una fiesta en nuestro honor…, estaba magnífico, tan alto, tan fuerte…, no podía apartar la vista de él y cuando me lo presentaron las piernas me temblaban y pensé que no sería capaz de hacer una ligera inclinación sin caerme. Boromir no se apartó en toda la velada de mí; bailamos, reímos y hablamos, las horas pasaron como segundos…, los días siguientes los pasamos juntos, Boromir me enseñó su ciudad y prometimos volver a vernos. Yo regresé a mi hogar en el Folde Este de Rohan y en secreto contaba las semanas, los días, las horas para el nuevo encuentro. Y el día convenido llegó hasta mi casa una comitiva desde Gondor que se dirigía a Meduseld, y allí estaba Boromir, espléndido y orgulloso. Yo sabía, lo había visto en mis sueños, que Boromir llegaría a mí y que siempre permaneceríamos unidos, a pesar de las distancias – Éolywyn quedó en silencio con la vista fija más allá de aquel extraño trío formado por un hombre, un enano y un hobbit; se dibujó una sonrisa en su rostro.
Valentina dirigió la mirada en aquella dirección para ver la figura de Boromir acercarse a ellas.
-¿Dónde estabas? – preguntó casi en un susurro la dama de Rohan, Boromir se dejó caer con suavidad a su lado y la besó en los labios.
-Observaba el río – dijo el hombre de Gondor sin más.
Arwen acarició unos oscuros y ondulante rizos de Valentina y la hobbit la miró.
-Ahora, Valentina, nos contarás cómo conociste a Frodo – dijo Arwen.
-Bueno…, Frodo y yo nos conocemos desde siempre, vivimos en Hobbiton y mi padre siempre le ha servido la miel al Sr. Bilbo. Yo era la encargada de llevarle los tarros de miel y me ponía muy nerviosa cuando Frodo se encontraba en casa de su tío, cuando me miraba o me hablaba me entraban ganas de salir corriendo… Yo pensaba que él nunca se había fijado en mí y me consideraba, simplemente, una muchacha a la que gustaba la lectura y los pastelillos rellenos de crema. Pero, una tarde estábamos los dos solos…, yo fui a llevar la miel como de costumbre, pero Bilbo no estaba y Frodo, muy amable, me invitó a merendar, empezamos a hablar de cosas que ya ni me acuerdo, y de repente, él me besó, me besó en los labios y yo creí que me moría. Ese fue nuestro primer beso… - Valentina sonreía como atontada y Arwen poniéndose en pie le dijo:
-Es una bonita historia.
-No, no es como las vuestras.
-Es tú historia – dijo Éolywyn – eso ya es especial.
-Si, es posible – dijo la hobbit dudando – pero, es que las vuestras parecen más emocionante, porque ninguno os conocíais, es como si…, el destino os hubiera empujado a esos encuentros.
Arwen se aproximó a Valentina:
-Ese mismo destino quiso que Bilbo no estuviera esa tarde en casa.
continuará...
sábado, 21 de marzo de 2009
Las Tres Damas. Historia de los primeros encuentros amorosos 5.2
Boromir esperaba una respuesta.
-Sam es un maestro en muchos temas.
-Pero, es sólo un jardinero, ¿no?, de origen muy humilde.
-La experiencia – dijo Frodo – enriquece a todos, no importa que el origen sea humilde o noble.
-Eso es cierto – intervino Gimli – de nada sirve quedarse encerrado en una hermosa cueva, si antes no se han conocido otras.
Frodo se situó delante de Boromir, como éste se encontraba sentado, sus ojos quedaban a la altura del hobbit:
-Tú has cambiado Boromir, todo lo vivido hasta ahora y las últimas experiencias en tu vida te han hecho distinto, eres más humilde, te abres más a los demás, has aprendido a reconocer tus límites y a dar más de ti, todas esas cosas te hacen mejor persona.
Boromir pareció turbado por aquellas palabras que Frodo le dirigía de manera tan personal, apartó la mirada del hobbit y se levantó:
-Quizás tenga razón Frodo, pero yo sólo aprendí que mi voluntad no era tan fuerte como creía y que soy débil… - dijo alejándose del hobbit y el enano, se encaminó hacia las mesitas, tomó algo y después marchó en dirección contraria a ellos.
Gimli miró a Frodo enarcando las tupidas cejas:
-Si que está cambiado.
Las tres damas se encontraban tumbadas en los sofás, cómodamente rodeadas de cojines, Aragorn las acompañaba; Éolywyn estaba silenciosa, sumida en sus pensamientos, era extraño, hacía bastante rato que no veía a su caballero de Gondor, Gimli y Frodo seguían conversando y el enano entonaba divertidas canciones que hacían reír a Frodo, se encontraban un poco apartados de ellos, pero visibles; Aragorn contaba anécdotas vividas en sus años de Trancos, el montaraz que recorría los caminos, pero, ¿por qué no estaba allí Boromir?.
-¿Cuándo te robó el corazón? – preguntó de repente Valentina a Arwen.
Se produjo un silencio, Éolywyn giró su cabeza y miró con ojos muy abiertos a la hobbit, la pregunta le sonó indiscreta y poco apropiada. Arwen le sonrió levemente a la risueña Valentina y volvió su mirada hacia su amado esposo que la observaba callado.
El silencio se prolongó y la sonrisa de la hobbit desapareció de su regordete rostro, sintió la sensación de que aquella pregunta no debió de formularla, miró hacia Éolywyn y ésta le dirigía una mirada de reproche, entonces Aragorn comenzó a hablar:
-En verdad Valentina, fue mi esposa quién me robo el corazón…, yo era muy joven cuando la vi por primera vez, el sol declinaba y yo me sentía alegre y complacido, cantaba porque todo, en aquellos días, me parecía hermoso, como me lo parece ahora. Y de pronto la vi pasear entre los árboles, fue para mí como un sueño, la aparición de Lúthien y casi no pude creerlo.
-Me llamó Tinúviel mientras se acercaba entre los árboles… - Arwen acarició la curtida cara de Aragorn con extrema suavidad, él tomó la delicada y blanca mano de ella y la besó.
Valentina y Éolywyn escuchaban atentas la historia, casi fascinadas, Arwen prosiguió sin apartar la mirada de su esposo:
-Pero, no fue sino en Lórien donde tomé mi decisión, mucho tiempo después de nuestro primer encuentro, volvimos a vernos en Caras Galadhon y a mis ojos Aragorn parecía un rey y no un muchacho risueño, había madurado en cuerpo y mente.
-Sin embargo, tú parecías la misma visión de aquella lejana tarde, permanecías exactamente igual que en mis sueños, igual que ahora…
-¡Aragorn, Aragorn! – se escucharon los gritos de Gimli con su fuerte arrastrar de las “r” – deja por un momento a las damas, Frodo y yo tenemos una duda que tú solventarás.
Aragorn se puso en pie y sonriente se disculpó y se dirigió hacia donde estaban el enano y el hobbit.
continuará....
-Sam es un maestro en muchos temas.
-Pero, es sólo un jardinero, ¿no?, de origen muy humilde.
-La experiencia – dijo Frodo – enriquece a todos, no importa que el origen sea humilde o noble.
-Eso es cierto – intervino Gimli – de nada sirve quedarse encerrado en una hermosa cueva, si antes no se han conocido otras.
Frodo se situó delante de Boromir, como éste se encontraba sentado, sus ojos quedaban a la altura del hobbit:
-Tú has cambiado Boromir, todo lo vivido hasta ahora y las últimas experiencias en tu vida te han hecho distinto, eres más humilde, te abres más a los demás, has aprendido a reconocer tus límites y a dar más de ti, todas esas cosas te hacen mejor persona.
Boromir pareció turbado por aquellas palabras que Frodo le dirigía de manera tan personal, apartó la mirada del hobbit y se levantó:
-Quizás tenga razón Frodo, pero yo sólo aprendí que mi voluntad no era tan fuerte como creía y que soy débil… - dijo alejándose del hobbit y el enano, se encaminó hacia las mesitas, tomó algo y después marchó en dirección contraria a ellos.
Gimli miró a Frodo enarcando las tupidas cejas:
-Si que está cambiado.
Las tres damas se encontraban tumbadas en los sofás, cómodamente rodeadas de cojines, Aragorn las acompañaba; Éolywyn estaba silenciosa, sumida en sus pensamientos, era extraño, hacía bastante rato que no veía a su caballero de Gondor, Gimli y Frodo seguían conversando y el enano entonaba divertidas canciones que hacían reír a Frodo, se encontraban un poco apartados de ellos, pero visibles; Aragorn contaba anécdotas vividas en sus años de Trancos, el montaraz que recorría los caminos, pero, ¿por qué no estaba allí Boromir?.
-¿Cuándo te robó el corazón? – preguntó de repente Valentina a Arwen.
Se produjo un silencio, Éolywyn giró su cabeza y miró con ojos muy abiertos a la hobbit, la pregunta le sonó indiscreta y poco apropiada. Arwen le sonrió levemente a la risueña Valentina y volvió su mirada hacia su amado esposo que la observaba callado.
El silencio se prolongó y la sonrisa de la hobbit desapareció de su regordete rostro, sintió la sensación de que aquella pregunta no debió de formularla, miró hacia Éolywyn y ésta le dirigía una mirada de reproche, entonces Aragorn comenzó a hablar:
-En verdad Valentina, fue mi esposa quién me robo el corazón…, yo era muy joven cuando la vi por primera vez, el sol declinaba y yo me sentía alegre y complacido, cantaba porque todo, en aquellos días, me parecía hermoso, como me lo parece ahora. Y de pronto la vi pasear entre los árboles, fue para mí como un sueño, la aparición de Lúthien y casi no pude creerlo.
-Me llamó Tinúviel mientras se acercaba entre los árboles… - Arwen acarició la curtida cara de Aragorn con extrema suavidad, él tomó la delicada y blanca mano de ella y la besó.
Valentina y Éolywyn escuchaban atentas la historia, casi fascinadas, Arwen prosiguió sin apartar la mirada de su esposo:
-Pero, no fue sino en Lórien donde tomé mi decisión, mucho tiempo después de nuestro primer encuentro, volvimos a vernos en Caras Galadhon y a mis ojos Aragorn parecía un rey y no un muchacho risueño, había madurado en cuerpo y mente.
-Sin embargo, tú parecías la misma visión de aquella lejana tarde, permanecías exactamente igual que en mis sueños, igual que ahora…
-¡Aragorn, Aragorn! – se escucharon los gritos de Gimli con su fuerte arrastrar de las “r” – deja por un momento a las damas, Frodo y yo tenemos una duda que tú solventarás.
Aragorn se puso en pie y sonriente se disculpó y se dirigió hacia donde estaban el enano y el hobbit.
continuará....
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
