
Boromir se acercó a su hermano que se hallaba enfrascado en la lectura de un grueso libro sobre el origen del Reino del Norte. Parecía no haberse percatado de la presencia imponente de Boromir, su hermano mayor era más alto que él y corpulento. Boromir, sin embargo, lo observaba sonriente con una copa en la mano, su hermano menor siempre sumido en aprendizajes literarios.
-Creí que esa parte de la historia ya la conocías- le dijo Boromir acercándose a la chimenea encendida, interponiéndose entre el calor que desprendía y su hermano.
-Los detalles a veces son más interesantes que la historia en si, y este voluminoso tomo está cargado de detalles.
Faramir se levantó dejando el libro en su asiento y tomó la otra copa que reposaba tranquila en la cercana mesa, el vino era especiado y había sido calentado, Faramir lo olfateó considerándolo muy de su gusto.
-¿Brindaremos, hermano mayor, para que este invierno no sea tan riguroso como el anterior?
-Brindemos – dijo Boromir alzando la copa.
Pero en aquel preciso instante, Denethor apareció en la sala con sus ropajes regios y oscuros. Miró a sus dos hijos con rostro serio, mirada fría y distante.
Ambos hermanos suspendieron el brindis esperando que su padre les diera alguna orden.
Denethor se sirvió él mismo una copa y se interpuso entre sus dos hijos, Faramir desvió la mirada hacia las profundidades rojizas de su copa, mientras que Boromir le miraba directamente a los ojos.
-El invierno siempre será crudo y frío mientras no derrotemos al Señor Oscuro, pero en un día como hoy, merece la pena brindar por todos los Hombres de buena voluntad de Tierra Media – Denethor alzó su copa y sus hijos le imitaron, dieron un largo trago hasta acabar con el contenido – ahora, descansad hijos míos, puede que mañana no podáis hacerlo.
-Creí que esa parte de la historia ya la conocías- le dijo Boromir acercándose a la chimenea encendida, interponiéndose entre el calor que desprendía y su hermano.
-Los detalles a veces son más interesantes que la historia en si, y este voluminoso tomo está cargado de detalles.
Faramir se levantó dejando el libro en su asiento y tomó la otra copa que reposaba tranquila en la cercana mesa, el vino era especiado y había sido calentado, Faramir lo olfateó considerándolo muy de su gusto.
-¿Brindaremos, hermano mayor, para que este invierno no sea tan riguroso como el anterior?
-Brindemos – dijo Boromir alzando la copa.
Pero en aquel preciso instante, Denethor apareció en la sala con sus ropajes regios y oscuros. Miró a sus dos hijos con rostro serio, mirada fría y distante.
Ambos hermanos suspendieron el brindis esperando que su padre les diera alguna orden.
Denethor se sirvió él mismo una copa y se interpuso entre sus dos hijos, Faramir desvió la mirada hacia las profundidades rojizas de su copa, mientras que Boromir le miraba directamente a los ojos.
-El invierno siempre será crudo y frío mientras no derrotemos al Señor Oscuro, pero en un día como hoy, merece la pena brindar por todos los Hombres de buena voluntad de Tierra Media – Denethor alzó su copa y sus hijos le imitaron, dieron un largo trago hasta acabar con el contenido – ahora, descansad hijos míos, puede que mañana no podáis hacerlo.
