Dichas estas palabras, algo se abrió camino en la mente de Peregrin Tuk, se quedó silencioso y muy quieto. Aragorn y Arwen no habían asistido a aquella comida informal, el rey debía atender numerosos compromisos de estado y no pudo recibir a sus amigos Merry y Pippin, sin embargo, la mágica y tranquila Arwen Undomiel, pasó parte de la mañana con ellos, disculpó la ausencia de su esposo y les entregó dos regalos que entusiasmaron a los hobbits: dos pipas bien talladas en una madera excelente que se apresuraron a estrenar en aquella sala.
Pippin muy sonriente se dirigió hacia su amigo, susurrándole algo al oído, Merry se entusiasmó poniéndose en pie y tambaleándose un poco, exclamó:
-¡Si, excelente!, ejem…, bueno amigos – dijo dirigiéndose a Gimli, Boromir y Frodo – Éolywyn y Valentina…, si nos disculpáis… - y salió corriendo tras los pasos de Pippin.
Valentina frunció el ceño sin comprender por qué salían aquellos dos corriendo:
-Pero, ¿a dónde van ahora?
Gimli terminaba con el cordero y tomaba largos tragos de vino, sonreía y parecía disfrutar de todo aquello.
Frodo, que también fumaba en pipa, se la quitó de la boca y dirigiéndose a su esposa le dijo:
-Pues…, a dar las gracias por las pipas para fumar.
Merry y Pippin llegaron raudos a la entrada de la Sala de la Torre, donde se encontraba el trono real y el rey concedía audiencia. Pippin conocía bien el lugar, ya había estado allí en otras ocasiones y tras hablar con un criado en cuya librea había más de un distintivo, los dos hobbits fueron anunciados en aquella impresionante y magnífica sala:
-¡El Mensajero del Rey, el Caballero Peregrin Tuk y el escanciados del Rey de Rohan, Meriadoc Brandigamo! – la voz del hombre sonó clara y firme y todos los presentes, que no eran muchos, se giraron hacia las puertas abiertas para contemplar a los dos hobbits sonrientes con sus pipas en la mano y sus enormes pies desnudos, se dirigieron muy orgullosos hacia en trono real, los que se encontraban próximo a él se apartaron dejando el camino libre a los hobbits y realizaron una ligera inclinación al paso de Merry y Pippin que devolvían el saludo con una sonrisa.
Allí sentado sonriendo divertido se encontraba Aragorn, la visión de los dos compañeros le alegró en aquel momento:
-¡Meriadoc, Peregrin!, me alegro de volver a veros.
-¡Bien Trancos…! – exclamó Pippin, pero su amigo Merry le dio un codazo que hizo retroceder al confundido hobbit.
-Rey Elessar… - dijo rápidamente Merry – te saludamos…
-¿Por qué me has hecho eso? – preguntó Pippin sin comprender.
Aragorn reía divertido, a él, verdaderamente, no le importaba que lo llamaran por su antiguo apodo, pero esa manera que los hobbits tenían de hablar, tan sincera y honesta podía ser mal interpretado por otros.
-Espero que todo sea de vuestra comodidad aquí.
-Todo es estupendo – se apresuró Merry a decir sin dar tiempo a hablar a Pippin que volvió a mirar a su amigo con el ceño fruncido.
En la sala los hombres que conversaban con el Rey Elessar esperaban prudentes, pero era evidente que sus asuntos no podían esperar para otro día.
Merry siguió hablando:
-Queríamos saludarte y darte las gracias por estas estupendas pipas – dijo alzando la suya muy satisfecho.
-Podías acompañarnos, Aragorn – dijo Pippin acercándose un paso - hemos traído una excelente hierba del “viejo Toby”, la mejor de la Cuaderna del Sur – dijo guiñando un ojo.
Aragorn miró a Pippin que seguía sonriendo, a veces echaba de menos aquella vida que llevaba como montaraz, de buena gana lo habría dejado todo para encender su pipa en un rincón cómodamente sentado y mantener una larga charla junto a sus amigos.
Pero, si ese hubiera sido su destino ahora nada sería como es:
-Asuntos importantes me retienen ahora, pero amigos, os prometo que nos fumaremos era buena hierba y me contareis todas vuestras hazañas.
-Si Aragorn – dijo Merry – te esperaremos.
-Lo has prometido…, he…, bueno, nos marchamos que los demás se lo estarán comiendo todo.
Y dicho esto los dos hobbits se inclinaron y abandonaron la sala. Ya en el pasillo, de vuelta al salón Pippin intercambiaba pareceres:
-No te parece Merry, que de buena gana Trancos se habría venido con nosotros.
-Por supuesto, pero ahora él es un rey, mejor dicho, él es el Rey y eso es mucha responsabilidad.
-Es extraño, sólo era un montaraz cuando lo conocimos – dijo Pippin en tono pensativo.
-Por cierto – Merry paró en seco y su amigo le miró a los ojos – no vuelvas a llamarlo Trancos.
-Está bien, Aragorn.
Llegaron al salón, la puerta estaba entornada y no se oía ningún sonido en el interior, Merry, extrañado empujó con suavidad la puerta y ambos pudieron contemplar que la sala estaba vacía, pero la mesa y la comida seguían allí:
-¡Estupendo! – dijo Pippin – creo que es la hora de la primera merienda…
Valentina y Frodo habían salido a pasear por aquel bonito y tranquilo jardín que la reina Arwen mandó construir en aquel rincón del palacio residencial. En él podía respirarse una paz y una serenidad que calmaban el alma y despejaban la mente de las tribulaciones.
El jardín había sido creado a dos niveles con un gran estanque y varios riachuelos, setos cubierto de flores, enredaderas que cubrían columnas y barandillas y rincones estratégicamente ocultos con bancos para reposar, meditar y ocultarse de las miradas.
Lo más hermoso de aquel vergel era un mirador que había sido traído desde Lórien, antes de quedar abandonada Caras Galador, los elfos Galadrim trajeron una de sus más hermosas construcciones, se trataba de un flet adornado ricamente y que ellos adaptaron a la pared de la balconada, desde allí Arwen contemplaba los atardeceres y suspiraba por las cosas perdidas.
Valentina se sujetaba al brazo de Frodo y éste mordisqueaba la boquilla de su pipa apagada.
-Valentina… ¿tú has estado en cuevas, verdad? – preguntó de pronto Frodo, la hobbit quedo extrañada.
-Si… ¿por qué?
-Bueno, qué te pareció – insistió su marido.
-Fría, húmeda y muy oscura.
-No todas son iguales, sabes – Frodo comenzó a tantear el terreno, la verdad es que le gustaba la idea de la visita a las Cavernas Centelleantes, pero si le decía de sopetón a Valentina que antes de regresar a la Comarca pasarían por el nuevo hogar de Gimli, era muy posible que se negara en redondo a ir a ningún lugar.
Frodo siguió hablando:
-Hay cavernas de una hermosura sobrenatural, la propia Naturaleza las modeló y son dignas de contemplar…
Valentina miró al hobbit boquiabierta, ¿de qué le hablaba su marido?, ¿a qué venía a cuento el tema de las cuevas?
Escucharon el canto dulce y delicado de un pajarillo, el murmullo del agua, el suave sonido de las hojas al ser mecidas por la brisa.
-Déjate de cuevas – dijo Valentina – y busquemos un rinconcito de estos…- y tirando de Frodo ambos se perdieron detrás de unos altos y espesos setos.
continuará...
viernes 29 de mayo de 2009
domingo 26 de abril de 2009
Las Tres Damas. Merry, Pippin y las pipas para fumar, 6
Los comensales se encontraban en una sala privada, el sol del medio día iluminaba con esplendor el lugar; había mucha alegría en su interior y todos reían y contaban viejas y alegres historias del pasado.
El Rey había dispuesto que no faltara de nada para sus invitados y lo que más debían reponer los sirvientes era el vino.
¡Casi no daban a vasto!
La tarde antes de la llegada del Rey, su esposa y demás invitados, a Minas Tirith, habían hecho su entrada triunfal los hobbits Peregrin Tuk y Mediador Brandigamo. Montados en sus poneys de viaje y rodeados por una guardia de a pie vestidos con las mejores galas de la ciudadela, parecían dos pequeños héroes de guerras legendarias.
La gente gritaba a su paso ¡Ernil i Pheriannath! (Príncipe de los Medianos), y ellos le saludaban alegremente.
Pippin iba vestido con sus ropas de Caballero de Gondor y sus insignias como Mensajero del Rey, se sentía orgulloso de ello y hacía gala de su esplendorosa figura hobbit.
Merry, que había sido nombrado Escanciador de la Marca, lucía el magnífico cuerno de plata que le regalara Éowyn, una pieza de gran valor hecho por los propios Enanos.
Fueron atendidos y acomodados como debían: baños calientes, abundante comida y bebida, pero les entristeció un poco al saber que sus amigos no regresarían a la ciudad hasta el día siguiente, aunque la tristeza pasó rápido, pues los dos hobbits comieron y bebieron, fumaron de sus pipas y cayeron en redondo en sus mullidas camas.
Gimli dio un gran bocado a una pata de cordero que sostenía con la mano derecha, en la izquierda sujetaba una gran jarra medio vacía:
-Así que os habéis vuelto escritor, maese Merry.
-¡Ah…! si – dijo mirando al enano con los ojos medio cerrados – me ha llamado mucho la atención… - se incorporó en la silla – la relación que existe entre el hobbítico y el rohirrico, es sorprendente que, a pesar de no tener las mismas raíces raciales…, nuestros pueblos – y dirigió una mirada a la dama de Rohan – tengan en común la raíz de nuestro habla.
Éolywyn sonrió:
-Eso se debe a que hace mucho tiempo, los Hombres del Norte, de donde procedemos los Éorlingas, mantenían contacto con los Hobbits de antaño en los Valles del Anduin.
-Si…, también me interesan las hierbas – dijo Merry dando un largo trago a su copa de vino.
-¿Otro jardinero? – dijo divertido Boromir.
Pippin exhaló humo de su pipa y se dirigió al hombre de Gondor:
-Se refiere a la Hierba de Pipa, un placer que deberías probar Boromir.
-No hay mayor placer para mí que estar al lado de mi dama.
-Bueno, Boromir – dijo Pippin sonriendo – yo me refería a otro tipo de…, placer.
Y soltó un hipo que le hizo botar en la silla, todos se echaron a reír y Pippin prosiguió con su charla:
-Muchos son los que aprecian las propiedades de la Hierba para Pipa, sin ir más lejos nuestro amigo Aragorn.
-Es una lástima – decía Merry llenándose la copa – que no pueda estar ahora aquí, fumaría y bebería, y contaría buenas historias.
Boromir cambió de posición en su silla y acercándose a Éolywyn le tomó la mano:
-Asuntos de estado le retienen, ya tendremos tiempo de oír sus historias.
-Pero, no hemos tenido ni un momento para verle… - protestó Pippin.
Boromir le miró fijamente:
-Tú eres el Mensajero del Rey, no deberías tener problemas para verle en la Sala de la Torre.
continuará...
El Rey había dispuesto que no faltara de nada para sus invitados y lo que más debían reponer los sirvientes era el vino.
¡Casi no daban a vasto!
La tarde antes de la llegada del Rey, su esposa y demás invitados, a Minas Tirith, habían hecho su entrada triunfal los hobbits Peregrin Tuk y Mediador Brandigamo. Montados en sus poneys de viaje y rodeados por una guardia de a pie vestidos con las mejores galas de la ciudadela, parecían dos pequeños héroes de guerras legendarias.
La gente gritaba a su paso ¡Ernil i Pheriannath! (Príncipe de los Medianos), y ellos le saludaban alegremente.
Pippin iba vestido con sus ropas de Caballero de Gondor y sus insignias como Mensajero del Rey, se sentía orgulloso de ello y hacía gala de su esplendorosa figura hobbit.
Merry, que había sido nombrado Escanciador de la Marca, lucía el magnífico cuerno de plata que le regalara Éowyn, una pieza de gran valor hecho por los propios Enanos.
Fueron atendidos y acomodados como debían: baños calientes, abundante comida y bebida, pero les entristeció un poco al saber que sus amigos no regresarían a la ciudad hasta el día siguiente, aunque la tristeza pasó rápido, pues los dos hobbits comieron y bebieron, fumaron de sus pipas y cayeron en redondo en sus mullidas camas.
Gimli dio un gran bocado a una pata de cordero que sostenía con la mano derecha, en la izquierda sujetaba una gran jarra medio vacía:
-Así que os habéis vuelto escritor, maese Merry.
-¡Ah…! si – dijo mirando al enano con los ojos medio cerrados – me ha llamado mucho la atención… - se incorporó en la silla – la relación que existe entre el hobbítico y el rohirrico, es sorprendente que, a pesar de no tener las mismas raíces raciales…, nuestros pueblos – y dirigió una mirada a la dama de Rohan – tengan en común la raíz de nuestro habla.
Éolywyn sonrió:
-Eso se debe a que hace mucho tiempo, los Hombres del Norte, de donde procedemos los Éorlingas, mantenían contacto con los Hobbits de antaño en los Valles del Anduin.
-Si…, también me interesan las hierbas – dijo Merry dando un largo trago a su copa de vino.
-¿Otro jardinero? – dijo divertido Boromir.
Pippin exhaló humo de su pipa y se dirigió al hombre de Gondor:
-Se refiere a la Hierba de Pipa, un placer que deberías probar Boromir.
-No hay mayor placer para mí que estar al lado de mi dama.
-Bueno, Boromir – dijo Pippin sonriendo – yo me refería a otro tipo de…, placer.
Y soltó un hipo que le hizo botar en la silla, todos se echaron a reír y Pippin prosiguió con su charla:
-Muchos son los que aprecian las propiedades de la Hierba para Pipa, sin ir más lejos nuestro amigo Aragorn.
-Es una lástima – decía Merry llenándose la copa – que no pueda estar ahora aquí, fumaría y bebería, y contaría buenas historias.
Boromir cambió de posición en su silla y acercándose a Éolywyn le tomó la mano:
-Asuntos de estado le retienen, ya tendremos tiempo de oír sus historias.
-Pero, no hemos tenido ni un momento para verle… - protestó Pippin.
Boromir le miró fijamente:
-Tú eres el Mensajero del Rey, no deberías tener problemas para verle en la Sala de la Torre.
continuará...
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Las Tres Damas
sábado 28 de marzo de 2009
Las Tres Damas, Historia de los primeros encuentros amororsos, 5.3
Valentina suspiró, aquella historia de amor de Arwen y Aragorn era muy bonita, dirigió la mirada a Éolywyn que distraída movía la cabeza de un lado para otro, se la veía algo preocupada y parecía buscar algo con la mirada.
-¿Qué te ocurre? – preguntó la hobbit.
-No sé dónde está Boromir, hace rato que no le veo.
-¿Cómo os conocisteis? – volvió a preguntar sintiendo curiosidad.
-Bueno…, fue en Minas Tirith – dijo Éolywyn acomodándose entre los cojines y acariciando su larga y gruesa trenza rubia – yo acompañaba al embajador de Rohan y Denethor, el padre de Boromir, celebró una fiesta en nuestro honor…, estaba magnífico, tan alto, tan fuerte…, no podía apartar la vista de él y cuando me lo presentaron las piernas me temblaban y pensé que no sería capaz de hacer una ligera inclinación sin caerme. Boromir no se apartó en toda la velada de mí; bailamos, reímos y hablamos, las horas pasaron como segundos…, los días siguientes los pasamos juntos, Boromir me enseñó su ciudad y prometimos volver a vernos. Yo regresé a mi hogar en el Folde Este de Rohan y en secreto contaba las semanas, los días, las horas para el nuevo encuentro. Y el día convenido llegó hasta mi casa una comitiva desde Gondor que se dirigía a Meduseld, y allí estaba Boromir, espléndido y orgulloso. Yo sabía, lo había visto en mis sueños, que Boromir llegaría a mí y que siempre permaneceríamos unidos, a pesar de las distancias – Éolywyn quedó en silencio con la vista fija más allá de aquel extraño trío formado por un hombre, un enano y un hobbit; se dibujó una sonrisa en su rostro.
Valentina dirigió la mirada en aquella dirección para ver la figura de Boromir acercarse a ellas.
-¿Dónde estabas? – preguntó casi en un susurro la dama de Rohan, Boromir se dejó caer con suavidad a su lado y la besó en los labios.
-Observaba el río – dijo el hombre de Gondor sin más.
Arwen acarició unos oscuros y ondulante rizos de Valentina y la hobbit la miró.
-Ahora, Valentina, nos contarás cómo conociste a Frodo – dijo Arwen.
-Bueno…, Frodo y yo nos conocemos desde siempre, vivimos en Hobbiton y mi padre siempre le ha servido la miel al Sr. Bilbo. Yo era la encargada de llevarle los tarros de miel y me ponía muy nerviosa cuando Frodo se encontraba en casa de su tío, cuando me miraba o me hablaba me entraban ganas de salir corriendo… Yo pensaba que él nunca se había fijado en mí y me consideraba, simplemente, una muchacha a la que gustaba la lectura y los pastelillos rellenos de crema. Pero, una tarde estábamos los dos solos…, yo fui a llevar la miel como de costumbre, pero Bilbo no estaba y Frodo, muy amable, me invitó a merendar, empezamos a hablar de cosas que ya ni me acuerdo, y de repente, él me besó, me besó en los labios y yo creí que me moría. Ese fue nuestro primer beso… - Valentina sonreía como atontada y Arwen poniéndose en pie le dijo:
-Es una bonita historia.
-No, no es como las vuestras.
-Es tú historia – dijo Éolywyn – eso ya es especial.
-Si, es posible – dijo la hobbit dudando – pero, es que las vuestras parecen más emocionante, porque ninguno os conocíais, es como si…, el destino os hubiera empujado a esos encuentros.
Arwen se aproximó a Valentina:
-Ese mismo destino quiso que Bilbo no estuviera esa tarde en casa.
continuará...
-¿Qué te ocurre? – preguntó la hobbit.
-No sé dónde está Boromir, hace rato que no le veo.
-¿Cómo os conocisteis? – volvió a preguntar sintiendo curiosidad.
-Bueno…, fue en Minas Tirith – dijo Éolywyn acomodándose entre los cojines y acariciando su larga y gruesa trenza rubia – yo acompañaba al embajador de Rohan y Denethor, el padre de Boromir, celebró una fiesta en nuestro honor…, estaba magnífico, tan alto, tan fuerte…, no podía apartar la vista de él y cuando me lo presentaron las piernas me temblaban y pensé que no sería capaz de hacer una ligera inclinación sin caerme. Boromir no se apartó en toda la velada de mí; bailamos, reímos y hablamos, las horas pasaron como segundos…, los días siguientes los pasamos juntos, Boromir me enseñó su ciudad y prometimos volver a vernos. Yo regresé a mi hogar en el Folde Este de Rohan y en secreto contaba las semanas, los días, las horas para el nuevo encuentro. Y el día convenido llegó hasta mi casa una comitiva desde Gondor que se dirigía a Meduseld, y allí estaba Boromir, espléndido y orgulloso. Yo sabía, lo había visto en mis sueños, que Boromir llegaría a mí y que siempre permaneceríamos unidos, a pesar de las distancias – Éolywyn quedó en silencio con la vista fija más allá de aquel extraño trío formado por un hombre, un enano y un hobbit; se dibujó una sonrisa en su rostro.
Valentina dirigió la mirada en aquella dirección para ver la figura de Boromir acercarse a ellas.
-¿Dónde estabas? – preguntó casi en un susurro la dama de Rohan, Boromir se dejó caer con suavidad a su lado y la besó en los labios.
-Observaba el río – dijo el hombre de Gondor sin más.
Arwen acarició unos oscuros y ondulante rizos de Valentina y la hobbit la miró.
-Ahora, Valentina, nos contarás cómo conociste a Frodo – dijo Arwen.
-Bueno…, Frodo y yo nos conocemos desde siempre, vivimos en Hobbiton y mi padre siempre le ha servido la miel al Sr. Bilbo. Yo era la encargada de llevarle los tarros de miel y me ponía muy nerviosa cuando Frodo se encontraba en casa de su tío, cuando me miraba o me hablaba me entraban ganas de salir corriendo… Yo pensaba que él nunca se había fijado en mí y me consideraba, simplemente, una muchacha a la que gustaba la lectura y los pastelillos rellenos de crema. Pero, una tarde estábamos los dos solos…, yo fui a llevar la miel como de costumbre, pero Bilbo no estaba y Frodo, muy amable, me invitó a merendar, empezamos a hablar de cosas que ya ni me acuerdo, y de repente, él me besó, me besó en los labios y yo creí que me moría. Ese fue nuestro primer beso… - Valentina sonreía como atontada y Arwen poniéndose en pie le dijo:
-Es una bonita historia.
-No, no es como las vuestras.
-Es tú historia – dijo Éolywyn – eso ya es especial.
-Si, es posible – dijo la hobbit dudando – pero, es que las vuestras parecen más emocionante, porque ninguno os conocíais, es como si…, el destino os hubiera empujado a esos encuentros.
Arwen se aproximó a Valentina:
-Ese mismo destino quiso que Bilbo no estuviera esa tarde en casa.
continuará...
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Las Tres Damas
sábado 21 de marzo de 2009
Las Tres Damas. Historia de los primeros encuentros amorosos 5.2
Boromir esperaba una respuesta.
-Sam es un maestro en muchos temas.
-Pero, es sólo un jardinero, ¿no?, de origen muy humilde.
-La experiencia – dijo Frodo – enriquece a todos, no importa que el origen sea humilde o noble.
-Eso es cierto – intervino Gimli – de nada sirve quedarse encerrado en una hermosa cueva, si antes no se han conocido otras.
Frodo se situó delante de Boromir, como éste se encontraba sentado, sus ojos quedaban a la altura del hobbit:
-Tú has cambiado Boromir, todo lo vivido hasta ahora y las últimas experiencias en tu vida te han hecho distinto, eres más humilde, te abres más a los demás, has aprendido a reconocer tus límites y a dar más de ti, todas esas cosas te hacen mejor persona.
Boromir pareció turbado por aquellas palabras que Frodo le dirigía de manera tan personal, apartó la mirada del hobbit y se levantó:
-Quizás tenga razón Frodo, pero yo sólo aprendí que mi voluntad no era tan fuerte como creía y que soy débil… - dijo alejándose del hobbit y el enano, se encaminó hacia las mesitas, tomó algo y después marchó en dirección contraria a ellos.
Gimli miró a Frodo enarcando las tupidas cejas:
-Si que está cambiado.
Las tres damas se encontraban tumbadas en los sofás, cómodamente rodeadas de cojines, Aragorn las acompañaba; Éolywyn estaba silenciosa, sumida en sus pensamientos, era extraño, hacía bastante rato que no veía a su caballero de Gondor, Gimli y Frodo seguían conversando y el enano entonaba divertidas canciones que hacían reír a Frodo, se encontraban un poco apartados de ellos, pero visibles; Aragorn contaba anécdotas vividas en sus años de Trancos, el montaraz que recorría los caminos, pero, ¿por qué no estaba allí Boromir?.
-¿Cuándo te robó el corazón? – preguntó de repente Valentina a Arwen.
Se produjo un silencio, Éolywyn giró su cabeza y miró con ojos muy abiertos a la hobbit, la pregunta le sonó indiscreta y poco apropiada. Arwen le sonrió levemente a la risueña Valentina y volvió su mirada hacia su amado esposo que la observaba callado.
El silencio se prolongó y la sonrisa de la hobbit desapareció de su regordete rostro, sintió la sensación de que aquella pregunta no debió de formularla, miró hacia Éolywyn y ésta le dirigía una mirada de reproche, entonces Aragorn comenzó a hablar:
-En verdad Valentina, fue mi esposa quién me robo el corazón…, yo era muy joven cuando la vi por primera vez, el sol declinaba y yo me sentía alegre y complacido, cantaba porque todo, en aquellos días, me parecía hermoso, como me lo parece ahora. Y de pronto la vi pasear entre los árboles, fue para mí como un sueño, la aparición de Lúthien y casi no pude creerlo.
-Me llamó Tinúviel mientras se acercaba entre los árboles… - Arwen acarició la curtida cara de Aragorn con extrema suavidad, él tomó la delicada y blanca mano de ella y la besó.
Valentina y Éolywyn escuchaban atentas la historia, casi fascinadas, Arwen prosiguió sin apartar la mirada de su esposo:
-Pero, no fue sino en Lórien donde tomé mi decisión, mucho tiempo después de nuestro primer encuentro, volvimos a vernos en Caras Galadhon y a mis ojos Aragorn parecía un rey y no un muchacho risueño, había madurado en cuerpo y mente.
-Sin embargo, tú parecías la misma visión de aquella lejana tarde, permanecías exactamente igual que en mis sueños, igual que ahora…
-¡Aragorn, Aragorn! – se escucharon los gritos de Gimli con su fuerte arrastrar de las “r” – deja por un momento a las damas, Frodo y yo tenemos una duda que tú solventarás.
Aragorn se puso en pie y sonriente se disculpó y se dirigió hacia donde estaban el enano y el hobbit.
continuará....
-Sam es un maestro en muchos temas.
-Pero, es sólo un jardinero, ¿no?, de origen muy humilde.
-La experiencia – dijo Frodo – enriquece a todos, no importa que el origen sea humilde o noble.
-Eso es cierto – intervino Gimli – de nada sirve quedarse encerrado en una hermosa cueva, si antes no se han conocido otras.
Frodo se situó delante de Boromir, como éste se encontraba sentado, sus ojos quedaban a la altura del hobbit:
-Tú has cambiado Boromir, todo lo vivido hasta ahora y las últimas experiencias en tu vida te han hecho distinto, eres más humilde, te abres más a los demás, has aprendido a reconocer tus límites y a dar más de ti, todas esas cosas te hacen mejor persona.
Boromir pareció turbado por aquellas palabras que Frodo le dirigía de manera tan personal, apartó la mirada del hobbit y se levantó:
-Quizás tenga razón Frodo, pero yo sólo aprendí que mi voluntad no era tan fuerte como creía y que soy débil… - dijo alejándose del hobbit y el enano, se encaminó hacia las mesitas, tomó algo y después marchó en dirección contraria a ellos.
Gimli miró a Frodo enarcando las tupidas cejas:
-Si que está cambiado.
Las tres damas se encontraban tumbadas en los sofás, cómodamente rodeadas de cojines, Aragorn las acompañaba; Éolywyn estaba silenciosa, sumida en sus pensamientos, era extraño, hacía bastante rato que no veía a su caballero de Gondor, Gimli y Frodo seguían conversando y el enano entonaba divertidas canciones que hacían reír a Frodo, se encontraban un poco apartados de ellos, pero visibles; Aragorn contaba anécdotas vividas en sus años de Trancos, el montaraz que recorría los caminos, pero, ¿por qué no estaba allí Boromir?.
-¿Cuándo te robó el corazón? – preguntó de repente Valentina a Arwen.
Se produjo un silencio, Éolywyn giró su cabeza y miró con ojos muy abiertos a la hobbit, la pregunta le sonó indiscreta y poco apropiada. Arwen le sonrió levemente a la risueña Valentina y volvió su mirada hacia su amado esposo que la observaba callado.
El silencio se prolongó y la sonrisa de la hobbit desapareció de su regordete rostro, sintió la sensación de que aquella pregunta no debió de formularla, miró hacia Éolywyn y ésta le dirigía una mirada de reproche, entonces Aragorn comenzó a hablar:
-En verdad Valentina, fue mi esposa quién me robo el corazón…, yo era muy joven cuando la vi por primera vez, el sol declinaba y yo me sentía alegre y complacido, cantaba porque todo, en aquellos días, me parecía hermoso, como me lo parece ahora. Y de pronto la vi pasear entre los árboles, fue para mí como un sueño, la aparición de Lúthien y casi no pude creerlo.
-Me llamó Tinúviel mientras se acercaba entre los árboles… - Arwen acarició la curtida cara de Aragorn con extrema suavidad, él tomó la delicada y blanca mano de ella y la besó.
Valentina y Éolywyn escuchaban atentas la historia, casi fascinadas, Arwen prosiguió sin apartar la mirada de su esposo:
-Pero, no fue sino en Lórien donde tomé mi decisión, mucho tiempo después de nuestro primer encuentro, volvimos a vernos en Caras Galadhon y a mis ojos Aragorn parecía un rey y no un muchacho risueño, había madurado en cuerpo y mente.
-Sin embargo, tú parecías la misma visión de aquella lejana tarde, permanecías exactamente igual que en mis sueños, igual que ahora…
-¡Aragorn, Aragorn! – se escucharon los gritos de Gimli con su fuerte arrastrar de las “r” – deja por un momento a las damas, Frodo y yo tenemos una duda que tú solventarás.
Aragorn se puso en pie y sonriente se disculpó y se dirigió hacia donde estaban el enano y el hobbit.
continuará....
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Las Tres Damas
sábado 7 de marzo de 2009
Las Tres Damas. Historia de primeros encuentros amorosos, 5
El navío del Rey Elessar retornaba río arriba hacia Minas Tirith, un viento favorable empujaba la nave inflando sus blancas velas. Sobre la cubierta se había instalado un toldo para proteger a las damas del fuerte sol, varios sofá cubiertos con cojines y unas mesitas repletas de manjares; a un lado de la cubierta se encontraba Gimli junto a Frodo, el enano la había estado contando al entusiasmado hobbit, los progresos en las Cavernas Centelleantes, la colonia iba bastante bien y Gimli parecía enamorado del lugar, hablaba sobre la belleza de aquellas cuevas y su magnificencia como si realmente estuvieran vivas y fueran su compañera.
Boromir se unió a ellos escuchando silencioso al enano, recordó las palabras que le dijo a Éolywyn en la fiesta, serían bienvenidos si decidían ir a visitarlo al lugar, y el propio Gimli haría de guía: “bueno”, pensó Boromir “quizás sea una excelente idea hacer una visita a Gimli en Aglarond”.
A él Minas Moria lo impresionó, a pesar de estar envuelta en un hálito de muerte; allí podía contemplarse la majestuosa obra de los laboriosos Enanos. Minas Moria era un lugar frío y hostil, pero podía verse esa grandeza de aquel pequeño pueblo. Boromir pensaba sonriente que sería muy curioso y único, la visión del Pueblo Enano en plena labor.
Frodo reía al mismo tiempo que Gimli y comentaba su parecer:
-Debe ser extraordinario, y me gustaría poder visitar las Cuevas Centelleantes, pero no creo que mi esposa quiera que nos desviemos del camino rumbo a la Comarca, a ella no le gusta viajar – dijo Frodo mirando a Valentina que estaba pegada a una mesita donde habían dejado los criados pequeñas delicias saladas.
-Pero, no os llevaría mucho tiempo y me sentiría muy feliz…, a demás. Sabemos preparar muy buena comida, seguro que no os faltaría de nada. Los enanos tenemos fama de hospitalarios y eso es por algo, seguro que Valentina se sentirá cómoda entre nosotros, por cierto Frodo, ¿maese Samsagaz también tomó esposa?
-Sam es ahora un esposo feliz que pronto será padre y es una de las personas más importante de toda la Comarca, muchos son los que buscan su consejo.
-¿Cómo jardinero? – preguntó de pronto Boromir que había permanecido en silencio todo el rato.
Frodo le miró algo serio, sabía que entre Sam y Boromir nunca había existido simpatía; para Sam, aquel hombre de Gondor era el que una vez intentó matarlo, de nada servía que aquel desgraciado incidente sucediera bajo el influjo maligno del Anillo, Sam siempre vio a Boromir como una amenaza para Frodo y cuando fueron invitados a la Reunión de los Nueve por el Rey Elessar, Sam no dejó de atosigar a Frodo sobre su comportamiento hacia Boromir: “nunca le de la espalda, no se quede a solas con él, no saque a relucir el tema del Anillo”, le había dicho serio y muy preocupado, Frodo se armaba de paciencia y le hacía saber que él sabía que debía hacer, que no debía preocuparse, esas cosas quedaron en el pasado, Sam volvió a insistir : “pero, señor Frodo, no estaré yo para defenderlo”, Frodo se echó a reír al ver la cara de preocupación de su amigo: “vamos Sam”, le dijo, “conmigo está Valentina”, y dándole una palmada en el hombro se alejó.
continuará...
Boromir se unió a ellos escuchando silencioso al enano, recordó las palabras que le dijo a Éolywyn en la fiesta, serían bienvenidos si decidían ir a visitarlo al lugar, y el propio Gimli haría de guía: “bueno”, pensó Boromir “quizás sea una excelente idea hacer una visita a Gimli en Aglarond”.
A él Minas Moria lo impresionó, a pesar de estar envuelta en un hálito de muerte; allí podía contemplarse la majestuosa obra de los laboriosos Enanos. Minas Moria era un lugar frío y hostil, pero podía verse esa grandeza de aquel pequeño pueblo. Boromir pensaba sonriente que sería muy curioso y único, la visión del Pueblo Enano en plena labor.
Frodo reía al mismo tiempo que Gimli y comentaba su parecer:
-Debe ser extraordinario, y me gustaría poder visitar las Cuevas Centelleantes, pero no creo que mi esposa quiera que nos desviemos del camino rumbo a la Comarca, a ella no le gusta viajar – dijo Frodo mirando a Valentina que estaba pegada a una mesita donde habían dejado los criados pequeñas delicias saladas.
-Pero, no os llevaría mucho tiempo y me sentiría muy feliz…, a demás. Sabemos preparar muy buena comida, seguro que no os faltaría de nada. Los enanos tenemos fama de hospitalarios y eso es por algo, seguro que Valentina se sentirá cómoda entre nosotros, por cierto Frodo, ¿maese Samsagaz también tomó esposa?
-Sam es ahora un esposo feliz que pronto será padre y es una de las personas más importante de toda la Comarca, muchos son los que buscan su consejo.
-¿Cómo jardinero? – preguntó de pronto Boromir que había permanecido en silencio todo el rato.
Frodo le miró algo serio, sabía que entre Sam y Boromir nunca había existido simpatía; para Sam, aquel hombre de Gondor era el que una vez intentó matarlo, de nada servía que aquel desgraciado incidente sucediera bajo el influjo maligno del Anillo, Sam siempre vio a Boromir como una amenaza para Frodo y cuando fueron invitados a la Reunión de los Nueve por el Rey Elessar, Sam no dejó de atosigar a Frodo sobre su comportamiento hacia Boromir: “nunca le de la espalda, no se quede a solas con él, no saque a relucir el tema del Anillo”, le había dicho serio y muy preocupado, Frodo se armaba de paciencia y le hacía saber que él sabía que debía hacer, que no debía preocuparse, esas cosas quedaron en el pasado, Sam volvió a insistir : “pero, señor Frodo, no estaré yo para defenderlo”, Frodo se echó a reír al ver la cara de preocupación de su amigo: “vamos Sam”, le dijo, “conmigo está Valentina”, y dándole una palmada en el hombro se alejó.
continuará...
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Las Tres Damas
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