domingo, 19 de octubre de 2008

Indril, la voz de las estrellas, III

Indril y Estel entraron preparados para atacar a un grupo de orcos pero lo que vieron no era lo que esperaban.
Indrel yacía sobre una especie de altar oscuro, tumbado boca arriba, estaba quieto, dormido, pero vivo. Cerca de él, a la altura de la cabeza había un ser horrible, parecía un orco hembra, vieja, rugosa, encorvada quizás por los años, pero de mirada furiosa e iracunda. Abrió la boca en un gesto de rabia y asco y dejó ver la podrida dentadura.
Había otro orco hembra, pero esta parecía más joven, o al menos su cara y cuerpo estaban menos rugosos que la otra, aún así, era de una gran fealdad. La más anciana alzó una mano que parecía una garra de dedos huesudos y deformados, señaló a ambos como si intentara hacerlos fulminar con el gesto de sus retorcidas uñas; la más joven hizo un movimiento rápido y cogió una daga que estaba depositada en la piedra del altar, pero el montaraz fue más rápido y con su arco preparado le clavó una flecha en la palma de la mano. Lanzó un grito estremecedor, mientras la vieja decía:
-¡No! ¡No la mates! –dijo interponiéndose entre la siguiente flecha y la orco herida- ¡No mates a la única hija que me queda! –parecía una súplica. Estel dudó, pero no bajo la guardia.

Indril cerró la puerta echando el candado para que nadie pudiera entrar, era la única entrada o salida de aquel lugar. Mientras la orca joven gemía en el suelo con la flecha atravesándole la mano izquierda, la más vieja parecía a punto de estallar de rabia, sus ojos amarillos desprendía un odio imposible de ocultar. Indril las apuntó con su arco mientras Estel se acercaba al elfo dormido. Indril sólo deseaba que su hermano estuviese bien, porque de lo contrario no dudaría en acabar con aquellas dos criaturas horribles que no le producían ningún sentimiento de piedad.

Pero entonces escuchó la voz de su hermano que nombraba al montaraz, Indril siguió amenazándolas con la plateada punta de su flecha, un movimiento, por parte de las orcos, y serían historia.Indrel parecía algo confuso, pero se encontraba bien, algo aletargado reconoció al hombre y la delgada pero esbelta figura de su hermana. Contó lo sucedido o lo que recordaba, aquella melodía aflautada, lejana y mágica que pareció cautivarlo y atraparlo, no puedo hacer nada cuando se le echaron encima los cinco abominables seres.De pronto, la orca vieja gritó con voz estridente:
-¡Mis hijos! Esos era mis hijos y vosotros, ¡malditos, los habéis matado, o ellos nunca os hubieran dejado entrar! –parecía loca de rabia y de su boca salía espuma blanca mientras seguía vociferando - ¡yo os maldigo y me vengaré!
-¿Dónde está la flauta de sonido mágico? –preguntó Indril mientras la amenazaba con el arco.
-Jamás te lo diré, y sabed que pronto vendrán mis hermanos y no podréis salir de aquí con vida.

No podían hacer otra cosa sin aprovechar el momento y escapar los tres de allí antes de que apareciera una trupe de orcos vengativos. Dejaron encerradas a las dos orcas y emprendieron el camino al exterior.
El viaje no tuvo más contratiempos y cuando llegaron a Rivendel, contaron lo sucedido a Elrond que quedó extrañado y muy pensativo con la historia de la melodía mágica que los adormeció hasta la inconsciencia.
Quizás se tratar de una de las flautas mágicas que algunos artífices elfos de la antigüedad fabricaran para así dominar a otros de su raza; quizás fuera Melkor en la época en que cazaba elfos para corromperlos.Elrond no lo sabía.

4 comentarios:

Maeglin dijo...

Me ha evocado mucho Moria esta escena de Indril la voz de las estrellas. Y los orcos me los imagino no sé porque más trasgos que en plan Orcosd e Mordor. He disfrutado leyendo.

Namarië eolywyn

Una senderista. dijo...

Si correcto, son más trasgos que orcos de Mordor, están en las Montañas Nubladas

Una senderista. dijo...

Si correcto, son más trasgos que orcos de Mordor, están en las Montañas Nubladas

The Darkness Joe dijo...

Orcos y Elfos siempre enredando en asuntos de Hombres y de la Tierra media.

Muy buena historia senderista.